Te quiero contar la historia de mi vecino. Un tipo del barrio. No tengo relación con él. Hola y adiós. Y ya. Nada pedir la sal ni nada eso.
Era un personaje curioso. Cada día le veía salir del portal con una indumentaria diferente.
Unos días, generalmente por la mañana temprano, vestía de ‘runner’. No le faltaba detalle: mallas, pulsómetro, mochila, zapas premium… ¡TODO!
Por cierto, ahora todo el mundo corre. Hasta el amigo ese, que no había visto un gimnasio ni en la foto de la marquesina de una parada de bus. ¡Pues ese también!
Creo que los motivos de cada ‘runner’ son muy diferentes…
…el que corre para huir del estrés (aunque el estrés suele ser más rápido que él),
…el que corre porque el médico le ha dicho ‘espabila o te mueres con estos análisis’,
…el que corre para huir de su mujer y sus hijos,
…el que corre porque le apasiona el deporte,
…el que busca ese sentimiento de pertenencia a algo (como el club de runners).
¡Da igual!
Y todo es lícito y respetable.
Pero es que otro día le veía en la cafetería del barrio, leyendo un libro, con gafas de pasta, un café solo y un mini portátil, haciendo anotaciones en un cuaderno, de esos chulos con la cubierta de cuero negro.
Para las anotaciones utilizaba un bolígrafo ‘BIC’ ¿el de cuatro colores? rojo, verde, negro y azul. ¡Pues ese!
Ahí estaba el tío, totalmente concentrado en su burbuja. Con su pinta de intelectual.
Pero es que el domingo pasado iba con pantalones cortos y camiseta de fútbol, dándole patadas al balón en el parque, con los críos del barrio.
Pensé: ¡este tío parece el actor de esa peli, donde el mismo tipo hace diferentes papeles!
¿Te suena, eh?
Ayer no me pude resistir y decidí preguntarle a qué jugaba. Bueno, no con estas palabras. La conversación fue así:
Hola, perdona. ¿Te puedo hacer una pregunta?
— Sí, claro.
Por lo que veo, eres un gran corredor.
— No.
Bueno, ¿eres corredor de 10K?
— No, tampoco.
¿Corres para divertirte?
— No.
Pero sí te veo muy a menudo vestido de ‘runner’, con toda la equipación.
— Yo no puedo correr, tengo una lesión crónica en la rodilla y el médico me aconsejó no hacerlo.
— Pero yo me visto de deportista y camino doce kilómetros todos los días.
— De hecho, sé que soy un deportista, porque así me siento.
— Y utilizo cualquier escenario para mover el cuerpo, conociendo mis límites, por supuesto.
— A las caminatas les sumo ejercicios de fuerza, que también me ayudan a fortalecer la musculatura y proteger la rodilla.
INCREÍBLE…
PD: Ya está disponible la segunda entrega.
PD.2: Se llama “(Por qué) mi vecino se disfraza”. Para acceder a ella, tendrás que suscribirte (es gratis).

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