ADOLESCENTES, PRESIÓN Y ZAPATOS

El otro día publiqué una historia donde quería exponer dos casos totalmente opuestos.

Ambos de profesionales, gente experimentada en mil batallas, en su zona de seguridad, en aquello que controlan, donde se sienten cómodos.

Uno lo tenía todo a favor para tocar la gloria; el otro, todo en contra.

Un factor en común: la presión.

El primer caso no supo gestionarla, y eso le sobrepasó. La presión se lo comió.

El segundo caso, todo lo contrario. Se dedicaron a disfrutar, a hacer lo que saben hacer. Surgió la magia. Y ganaron.

¿Por qué elegí estos dos casos?

Porque son adultos, muy rodados en sus profesiones, y aun así la presión mal gestionada les puede comer con papas.

El tema nació de una frase: “Los adolescentes se sienten presionados en la escuela”.

¿Quiere decir que lo estén? No lo sé.

¿Quiere decir que no lo estén? No lo sé.

Lo único que sí sé es lo que siente un adolescente.

Aquí va (desde mis ojos)…

No deja de ser una persona con miedo. En búsqueda de su identidad, se cuestiona quién es y qué quiere.

Emocionalmente es un volcán, pasando de la sensación de euforia a la de fracaso.

Su cerebro está cambiando al del adulto.

Le importa mucho lo que piensa su grupo de iguales (compañeros, amigos, enemigos…) por encima de su familia.

Tanto es así que les aterra la idea de ser expulsados o excluidos del grupo.

A todo esto le sumamos el factor de la era tecnológica, las ruidosas redes sociales…

No justifico nada. Solo me pongo en sus zapatos. Como hombre y exadolescente.

Bueno, tengo que matizar: el adolescente siempre ha estado, está y estará dentro de mí. De ti y de todos.

Un día decidí mirar al mío a sus ojos asustados, con esa fachada rígida, ceño fruncido y desafiante.

Comprobé que solo tenía miedo, que estaba asustado.

Y le dije:

“Todo iba a ir bien, solo tienes que soltar y experimentar.

Acertar y equivocarte.

Caerte y aprender a levantarte.

El error no es el final. Solo un paso más en tu camino”.

…Y lo abracé.

Su mirada se relajó, alguna lágrima asomó en sus ojos, sus hombros estaban más sueltos y su estructura ya era más flexible.

Y todo estaba bien.

PD: El golfista de la otra historia no luchó contra la presión, lo hizo contra su adolescente.

PD2: Los futbolistas de Dinamarca no querían ser aceptados por nadie; tan solo jugar y disfrutar como su niño.

¿Y tú… en qué momentos aparece tu adolescente?

Seguimos.

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