Ojo a esto.
Día de curro. De esos fríos.
Sentados en la oficina. Cada uno a lo nuestro. ¿Qué es lo nuestro? Conectar puntos. Y que tengan sentido.
La vida va de conectar puntos, pero esto da para otra historia.
Un colega a mi izquierda da un consejo corto y potente.
Aquí va…
Contexto: «entrevista de oposición». Prueba final.
Al otro lado del teléfono, el opositor.
Palabras del colega:
«Solo tienes que tener en cuenta dos cosas. Solo dos.
Si son muy amables (entrevistadores) quieren que rajes más de la cuenta y la cagues.
Si son cañeros, quieren que reacciones y la cagues.
Solo eso.»
Me pareció el mejor consejo que te pueden dar para una prueba así.
Parece obvio, pero si no avisan puede que no caigas y entres como un toro.
Es algo muy racional.
Pero hay un plano más que hay que trabajar y no es tan fácil de detectar.
El plano emocional.
Cuánta gente llega a una entrevista y le recorre algo por el estómago, se le seca la boca y no le salen las palabras. Una y otra vez.
Te cuento algo: la emoción llega antes que la razón.
¿Y cómo llega?
A través del cuerpo.
Llegado ese momento, como la emoción te secuestre, da igual que hayas memorizado a fuego las dos reglas básicas…
…porque no vas a poder aplicarlas.
Y largarás más de la cuenta e incluso reaccionarás con las palabras equivocadas.
O entrarás en pánico y te quedarás en modo piedra.
¿Quieres mejorar tu control emocional en entrevistas? Ojo a esta historia: «La señorita Rottenmeier y una rumana.»
P.D: Si te interesa el tema, escríbeme en comentarios.
Seguimos.

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