LA SEÑORITA ROTTENMEIER Y UNA RUMANA

En la historia “Dos reglas de plata; la de oro marca diferencia” hablo de cómo afrontar las entrevistas teniendo en cuenta dos reglas clave.

Te resumo, por si no estabas.

Contexto: entrevistas de oposición (prueba final). Un colega aconseja a un opositor:

“Si los entrevistadores son muy amables, quieren que rajes y la cagues.
Si son cañeros, quieren que reacciones y la cagues.”

Buenas. Muy buenas. Desde el punto de vista racional.

Pero hay un plano más profundo, más emocional, que, si no lo identificas, deja a las otras reglas prácticamente estériles.

Hoy te cuento la regla de oro.

Ahí va…

María.

Una mujer con una situación muy complicada.
Bueno… complicada sería simplificarlo.
Una situación extrema. Límite.

Te pongo en contexto:
Separada, dos hijos y en paro.
Pocas veces una frase de seis palabras podría ser tan dramática.

Vivía su drama, pero no escatimaba esfuerzos para salir de allí: psicólogo, yoga, gimnasio, escritura…
Y quiso probar con el coaching.

Algo menos de diez sesiones.
Fumaba en todas ellas, con ojos de dolor. Cara de sufrimiento. Y encogida, muy encogida, como si le anudaran, por minutos, la boca del estómago.

Su cuerpo daba mucha información.
Pero se notaba que estaba trabajada. Que había hecho cositas. Iba donde tuviera que ir.
No ofrecía resistencia.

Y por si fuera poco, a su drama se sumaba un terror añadido: las entrevistas de trabajo.
Ya sabes, basta que necesites algo para salir del agujero para que se convierta en tu mayor escollo.

Un día, en sesión, tras una mala entrevista, salió algo que fue clave en su proceso.
¡Fue La Clave!

La conversación fue algo así:

“Llego allí (a la entrevista), y veo a la señorita Rottenmeier y a una ‘rumana’. Y me bloqueo.”

Se hizo el silencio en la sesión.

El silencio incomoda, pero tiene su efecto.

Devolución sencilla:
“¿Señorita Rottenmeier y una ‘ rumana’?”
— “Sí, dos mujeres serias. Me observan y me interrogan.”
“¿Te interrogan?”
— “Bueno… me preguntan.”

Claramente, no es lo mismo.

Ella lo vivía como un interrogatorio.
Pero la realidad era que había dos entrevistadoras, en su papel, que le preguntaban. Sin más.

¿Con qué le estaba conectando eso?
Era totalmente emocional. Como dije en la otra historia: la emoción llega antes que la razón.

Ella había mostrado la clave; solo había que indagar un poco más. Tirar del hilo. Ir a la raíz.

Surgió la oportunidad de trabajar una herramienta muy poderosa: conectar con situaciones similares a la que le generaba el problema.

Cerró los ojos y conectó. Vaya si conectó.
(Ella, en ese momento, tenía 45 años).

Conectó con los 25. Y llegó al lugar que tenía que llegar. Al origen.

“Viajó” hasta un bar donde trabajaba como camarera.
Un día de agosto, sin aire acondicionado. Calor, mucho calor.
Solo el hecho de coger la bandeja ya era complicado.

Se le ocurrió parar a beber un refresco.
Según baja la cabeza, observa cómo una de las encargadas la mira con ojos de pocos amigos.
Acto seguido llega la otra responsable.

Entre las dos, y en presencia del resto de compañeras, la sometieron a un escarnio público.
¡Humillación en directo!

Mientras conectaba con esa situación, María apretaba los dientes, marcando su mandíbula por momentos.
Totalmente encogida, con los hombros hacia delante.
Abrió los ojos, inundados por las lágrimas. Tragaba saliva.

Ese momento hizo clic en ella. Había visto algo nuevo. Algo había cambiado.
Su cara lo reflejaba. Mujer rubia, ojos azul celeste, aspecto nórdico. Todo se acentuó aún más.
¡Se iluminó!

Había visto algo importante para ella.

Cada vez que asistía a una entrevista, ¿a quién crees que veía?
A dos encargadas con aspecto serio “juzgándola”.
Algo que la paralizaba. No la dejaba ser ella.

Pero eso no era real.

Tras ese “viaje”, donde pudo ver y reinterpretar el origen, todo empezó a tener sentido para ella.

Pudo superar la siguiente entrevista.
Y la vida empezó a tener sentido también.

Dicen que, para solucionar el presente, hay que viajar al pasado.

P.D.: Es muy posible que aquello que no te deja avanzar venga de muy atrás. Tranquilo: se trabaja. Y con muy buenos resultados.


P.D.: Si te interesa saber qué herramienta trabajó María, escribe en comentarios.

Seguimos.

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