Ojo a esto…
Hoy te hablo de una regla que puede que te interese. A ti y a tu vida.
No soy de reglas ni de estructuras.
Pero hay veces que observo y, si me sirve, la tomo de referencia para después seguir con lo mío.
Pero antes te cuento algo.
El otro día conversaba en el curro con dos compañeras.
Tema: tener un objetivo en la vida, un propósito.
Ante la gran pregunta: ¿Cuál es tu objetivo?
“Cri, cri, cri”, suenan los grillos.
Y le pasa a mucha gente.
Llegan a sesiones de coaching y esa es la primera pregunta. Pero…
Sin objetivo no hay proceso.
Sin proceso no hay transformación.
“Yo tenía este objetivo a corto plazo y cuando lo conseguí ya se acabó. No sé cuál es el siguiente”, decía una compi.
Creo que aquí surge una distinción.
(Uno) Objetivo.
(Dos) Propósito.
Algo que a mí me vale…
Tengo mi propósito, un motor que lo mueve todo.
Y se alimenta de pequeños, medianos o grandes objetivos, con pequeñas acciones que dan forma a ese propósito.
Aterrizo un ejemplo.
Hace años, mi hija mayor —y única en ese momento— se convirtió en mi mayor impulso para llevar a cabo muchas cosas: acciones, objetivos…
No quiere decir que antes no lo fuera, pero ante una circunstancia crucial en mi vida salió esa fuerza imparable, solo con mirarla a los ojos.
Una circunstancia en la que sentía el suelo como arenas movedizas; mi estómago tenía un nudo permanente; me temblaba la voz hasta para pedir la hora. La inseguridad recorría mi cuerpo.
Algo emergió desde muy dentro y se movieron muchas cosas. Se movió mi mundo. Y desde entonces no ha dejado de crecer en esa dirección.
Mi propósito mira hacia el autoconocimiento y el desarrollo personal. Primero el mío. Y después, para ofrecerlo a los demás.
Hago una parada: si uno no se trabaja, es IMPOSIBLE ayudar al resto.
Solo con la teoría no te da ni para ayudar ni para casi nada en la vida.
Voy más allá: el vínculo ayuda más que la técnica. Pero esto lo cuento en otra historia.
Sigo…
AQUÍ viene algo que he escuchado y he decidido parar, observar, coger papel y boli e integrarlo en mi vida.
Se trata de…
La regla 80-20.
Esta regla afirma que el 80 % de los resultados proviene del 20 % de las acciones, esfuerzos o causas.
Sirve para priorizar, enfocarte en las acciones que generan mayor impacto
y aprovechar mejor tu tiempo, energía y recursos.
En mi caso: invierto un pequeño porcentaje todos los días en mi autoconocimiento… podcast, lectura, escritura, meditación, conversaciones potentes…
Repito: todos los días.
Y tiene un impacto positivo en el resto de mi vida.
Por cierto… 20 % SÍ da tiempo.
Si no me crees, te invito a que mires tu registro de actividad del móvil
para ver qué porcentaje dedicas a cosas que tú no decides.
Una conversación potente la puedes tener con tu hija, tu marido, con tu compi de trabajo o con el quiosquero.
Y eso también suma…
Ah, se me olvidaba…
¿Cuál es tu objetivo?
PD: Cuidado, que llegan los grillos…
PD2: Si no das con ello puede ser un problema… Pero tiene solución.
Puedes empezar por uno pequeño. También mueve.
PD3: Pronto te hablaré de una herramienta brutal, que ayuda a salir del desierto.
Seguimos…

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