ESCRIBE (I)

Hoy te hablo de algo que te puede servir de gran ayuda.

Sobre todo en esos momentos en los que te apetecería meter la cabeza en un agujero. 

Pero antes te cuento esto…

El otro día pasó algo brutal.

Escuché un audio de un compañero del cole, en un grupo de guasap de esos donde te meten cuando ya eres un puretilla.

Generación del ochentayalgo.

Hasta ahí, todo normal.

Era un audio vulnerable, estremecedor.

Una historia de vida.

Porque todos tenemos una.

Que nos acompañará para los restos, con las luces y las sombras.

A todos, sin excepción.

Hay veces en que las sombras se ponen muy oscuras, tanto que no nos dejan ver nada más. Todo negro.

Son días jodidos.

Se pasa realmente mal.

Él hablaba en ese audio, lo estaba pasando mal. 

En un mundo de inmediatez, de malas noticias, de la despersonalización más inhumana…

mi inercia era pasarlo por alto.

Intento protegerme de tanto ruido social.

Aunque cuidado con hacernos muy duros, puede llegar el punto de no oírnos ni a nosotros mismos.

Pero de repente algo en mí gritó con fuerza, se estremeció.

Se me encogió el estómago… un nudo.

Me tambaleé.

Era mi niño. Me dio un toque.

Ese niño que todos llevamos dentro.

Porque no era ese chico de cuarentayalgo el que hablaba vulnerable en ese audio.

Era su niño.

Sí, has leído bien: era su niño el que gritaba.

El que necesitaba comprensión, ser abrazado, ser entendido.

Porque los niños solo quieren eso: amor y ser abrazados, ser vistos.

Da igual la edad que tenga, el niño pedirá esa mirada que quizá no tuvo.

Quién no se daría la vuelta al oír a un niño.

Mi niño escuchó al suyo. A su compañero de cole. Sí, fue él.

Y decidió hacer algo…

Algo que te cuento el próximo día.   

PD: Hoy un niño escuchó a otro niño, su compañero de treintayalgo años atrás.

PD: El domingo el cierre, solo si estás suscrito, aquí: xtiparati.com/suscribe

Seguimos…

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