PADRES Y FÚTBOL (I)

«A mí lo que más me preocupa es no hacerlo bien con mis hijos.» 

Esta frase salió de una conversación en una comida.

Se me ocurren muchos miedos como padres…

Que los críos no sean felices, que tengan problemas emocionales,

que tomen malas decisiones…

Acto seguido, su pregunta:

¿Cómo podemos hacerlo bien con ellos?

Me vino algo a la cabeza, pero antes te cuento…

Ayer por la mañana. Sábado de fútbol.

Concretamente, fútbol sala.

En la grada con mi hija mayor.

Motivo de nuestra presencia: jugaba el hijo de mi colega

(en el equipo de los rojos).

Mi colega y yo, compañeros desde hace años…

Trabajamos juntos, en equipo,

y conversamos a diario sobre cómo mejorar con nuestros hijos.

Una de las preocupaciones en la era del déficit de atención:

cómo trabajar esto con ellos.

Ayer quería verlo con mis propios ojos.

¡Qué mejor que el poder de la demostración!

Rojos contra azules. Niños de 9 y 10 años.

Muy buen nivel.

Me dice al oído mi hija:

Papi, mira quién es el diez de los azules.

¡Anda, sorpresa!

No mencionaré nombres; aquí solo hablo de roles y de recursos.

Observo, lo vivo y hoy lo escribo.

En el pabellón, lo de siempre:

padres nerviosos gritando, animando; gritos al árbitro, a los niños, al del bar…

¡el caso es gritar!

Hasta ahí, todo normal.

Una madre grabando (y gritando) el partido de su hijo a través de una tablet…

¡Con trípode!

¿Qué veo yo ahí?

Una pantalla más interrumpiendo la magia del momento para el que graba. 

Y algo más…

Motivo: habrá que preguntárselo a ella.

Su hijo: el nueve de los rojos.

Noto cómo la presión del exterior le cae sobre los hombros.

¿Será la tablet con trípode?

No lo sé.

Mientras tanto, mi colega se dirige a su hijo…

¿Para hablarle de fútbol?

Qué va.

Para algo más importante.

El crío mira a su padre y asiente con la cabeza. Y a seguir jugando.

Esto lo repiten varias veces durante el partido… gestos y miradas.

Entre los rojos y azules: cinco integrantes de la selección de Madrid.

Entre ellos: el 10 de los azules y el 9 de los rojos.

Ambos, mucha calidad.

El primero: corre, juega, se ofrece, generoso con los suyos.

El segundo: corre, juega, se ofrece también. La diferencia…

falla una y otra vez, quizá por intentar hacer la “jugada del partido”.

A ver si va a ser que los críos notan ese estrés y presión por triunfar

que les transmiten sus padres.

Resultó ser un gran partido, muy emocionante.

El resultado, para mí, lo de menos.

Leo entre líneas, en el ruido de un partido de niños, y saco tres cosas, ojo:

(UNO) Mi colega utiliza un anclaje de seguridad (y confianza) con su crío.

El niño solo tiene que disfrutar.

(DOS) Cómo el estrés y el ego de una madre son transmitidos a su hijo,

activando una autoexigencia  extrema en el niño.

(TRES) El diez de los azules da una clase magistral de liderazgo al servicio de su equipo.

Este tipo de liderazgo se implementa en las grandes empresas.

No en todas. Algunas pasan de evolucionar.

¿Cómo lo hizo este niño?

Te lo cuento el miércoles.

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Seguimos…

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