Llegó el día.
Domingo, 28 de junio.
Un calor que invita al baño, a las piscinas, a los pueblos fresquitos o directo a las vacaciones.
Hoy teníamos otros planes.
Como llevamos anunciando desde hace semanas, hoy teníamos un compromiso.
Llegaba a Torrejón Sastrería Interior.
Y ahora ya está hecho.
Después de comer, le he preguntado a Sumaya:
—¿Con qué frase definirías esta sesión?
«Yo diría que, cuando hay conexión, ganas de crecer y cariño, todo fluye y algo se expande».
Se refería a nuestra relación.
Y, acto seguido, me preguntaba:
—¿Tu frase?
Sinceramente, no me venía ninguna a la cabeza.
Me he dado cuenta de que una frase no era mi medio para definirlo.
Para ello voy a utilizar una historia…
Hace ya algunos años, recuerdo un viaje.
Un viaje en el desierto.
Puedo ver una silueta atravesando un gran sol en el horizonte.
Realmente, hay dos siluetas.
Van a la par.
Caminan, parecen pararse.
Parecen cansados.
Pero tiran.
Y tiran y tiran.
Muchas veces, con arreones.
Pero avanzan.
Uno se sienta y descansa.
Mientras tanto, el otro le espera.
Luego sucede lo mismo, pero con los papeles cambiados
¿Y por qué me llega esta imagen una y otra vez después de la sesión
y después de las palabras de Sumaya?
Porque ambos emprendimos ese gran viaje.
Un viaje largo.
Para nada fácil.
Con subidas y bajadas.
Con parones.
Pero es bonito saber que, cuando necesitas parar, alguien te espera…
Para ponerse a tu altura.
Y, cuando esa persona necesita ajustar algo, ocurre lo mismo.
No hace falta ni que se lo digas.
Sientes en el cuerpo que toca rediseñar algo.
Toca estar para el otro.
Y eso es el acompañamiento en un proceso vital.
Porque nos necesitamos y, en el viaje en solitario, llegarás pronto, pero acompañado llegarás más lejos.
Hoy me siento pleno. Siento cómo Sumaya y yo hemos hecho una parada en nuestro viaje.
Hoy ya no estábamos en el desierto.
Eso quedó atrás.
Bendito desierto.
Hoy tocaba estar para otros, acompañarles en su viaje.
No sabemos si desde el desierto o desde otro lugar.
Ahora mismo solo me sale decir…
Gracias.
Gracias, mi querida Sumaya, por todo lo vivido y todo lo aprendido.
Hoy lo hemos vuelto a hacer: vivir y aprender, uniendo nuestras fuerzas.
Y gracias a los asistentes.
Hoy ellos eran los grandes protagonistas.
Gracias por vuestro compromiso.
Gracias por vuestro gran trabajo.
Así lo han vivido…
«Viéndome desde una perspectiva distinta, diferente, muy especial. Visualizando lo que soy hoy por lo que pasó ayer.
Gracias por esta experiencia; sinceramente, me ha encantado».
«Creo que, si tengo que resumir todo en una frase o aprendizaje, sería: las etiquetas dejan de pesar cuando eres tú quien decide si seguir llevándolas o no».
«He notado cómo, físicamente, soltaba cargas. Literalmente las tiraba al suelo. Liberaba un gran peso en mi espalda, perfectamente ubicado en un plano físico.
He vuelto a conectar conmigo, con una parte dentro de mí, notando la sensación de volver a casa.
Me ha dado eso: un lugar al que volver cuando necesite paz».
«He reconocido aspectos de mi subconsciente, los he aceptado y los he reajustado a través del cuerpo».
«Para mí, este taller ha sido un viajazo, en el que en algún momento he querido parar el tiempo y quedarme allí, en la raíz de todo, donde nació ese personaje que me ha acompañado todo este tiempo y con el que tantas historias y experiencias he vivido.
He visto a ese personaje con otra mirada, con más amor, porque todo lo que me ha aportado me ha traído a este momento.
Al momento de soltar lo que ya no me sirve y dejar lo que sí para seguir creciendo.
Ha sido todo un aprendizaje experimentar cuerpo y mente siempre de la mano».
PD: Esta ha sido la primera edición pero no la última.
PD2: SASTRERÍA INTERIOR.
PD3: Podemos resignificar nuestra historia.
Seguimos…

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